4 de junio de 2015

Suecos en la Patagonia: la expedición de la "Vanadis" 1883-1885

Hubo un tiempo no muy lejano en que la única forma de dar la vuelta al mundo en barco era por la ruta del extremo más austral de América, atravesando el estrecho de Magallanes o doblando el Cabo de Hornos. Esta situación provocó un inusual tráfico marítimo interoceánico de exploradores, científicos y aventureros, cuyas crónicas, relatos, grabados o fotografías han llegado hasta nosotros.


Miembros de la expedición con cráneos humanos en Perú en marzo de 1884

Siguiendo la estela de otras potencias europeas, en 1883 Suecia organizó un viaje de circunnavegación alrededor del globo que habría de durar casi 2 años y cuyo itinerario fue: Inglaterra, Portugal, Brasil, Patagonia, Chile, Perú, Polinesia, Tahití, Hawai, Japón, Filipinas, Singapur, India, Somalia, Eritrea, Egipto, Malta, Gibraltar y Suecia. Para tal fin preparó la fragata “Vanadis”, cuyo nombre hace referencia a una divinidad escandinava, y al mando del comandante Otto Lagerberg (1827-1907) partió de Suecia el 5 de diciembre de 1883. 



En su tripulación se incluía a naturalistas, etnólogos, biólogos, astrónomos, geógrafos y otros científicos. Como la mayoría de las expediciones de la época, la finalidad de la misión sueca era doble: por un lado la exploración de territorios más o menos desconocidos y por el otro el análisis de las posibilidades de colonización, económica o incluso política. 

Itinerario seguido por la Vanadis en su vuelta alrededor del mundo


En su periplo, los suecos pasaron por la Patagonia en febrero de 1884, llegando a las costas de Santa Cruz, atravesando el estrecho de Magallanes y haciendo escala en Punta Arenas, para salir otra vez al Océano Pacífico y seguir su camino hacia Valparaíso.


Algunas de las más bellas fotografías, tomadas por Oscar Ekholm (1861-1890) pertenecen a Bahía Borja, territorio kawésqar situado hacia la salida al océano Pacífico por la boca occidental del estrecho de Magallanes, donde encontraron varias chozas abandonadas por los indígenas. Es en ese lugar donde subieron a cubierta a un kawésqar para tomarle fotografías y medidas antropométricas.


La vuelta alrededor del mundo de la "Vanadis" permitió a los suecos recolectar multitud de objetos pertenecientes a los pueblos indígenas que encontraron en su singladura: 2.600 piezas procedían de la India, 1.300 de Japón, 500 de Siam y cerca de 1.000 de las islas del Pacífico. 100 piezas del paso por el estrecho de Magallanes y otras 500 de Perú, donde se incluyen cráneos humanos, completan la colección. Todos ellos, recogidos bajo la dirección del etnógrafo Hjalmar Stolpe (1841-1905), fueron cuidadosamente clasificados y se encuentran hoy en el Museo Etnográfico de Estocolmo.


Otto Lagenberg, capitán de la Vanadis
Hjalmar Stolpe, Etnógrafo de la expedición
Tripulación de la Vanadis


Fragata sueca Vanadis


29 de mayo de 2015

Exterminio y persecución del pueblo selk'nam; la colaboración de las autoridades

A fines del siglo XIX, el pueblo selk'nam que habitaba la isla grande de Tierra del Fuego tenía una población estimada en unas 4.000 personas. Era una sociedad de cazadores-recolectores, cuya alimentación giraba entorno a la caza del guanaco, con una compleja espiritualidad en la que destacaba la ceremonia del Hain y que llevaban viviendo en el mismo lugar desde hacía unos diez mil años, en una perfecta adaptación al medio climático que les rodeaba.

Familia Selk'nam, según óleo de Charles W. Furlong

Sin embargo, a partir de la instalación de estancias ganaderas por parte de un puñado de privilegiados terratenientes, los selk'nam van a ser borrados prácticamente de la faz de su territorio. Solo quedarán unos pocos supervivientes, que deberán renunciar a su modo de vida nómada e integrarse en la sociedad que los extermina a través del mestizaje. Hoy sabemos que este genocidio no fue producto de escaramuzas aisladas entre indígenas y colonizadores ni de violentos encuentros con buscadores de oro sino que, por el contrario, fue diseñado concienzudamente por los dueños de las estancias, contando con la necesaria colaboración de las autoridades políticas, que se plegaron siempre al mandato de los estancieros, y de las autoridades eclesiásticas, que participaron en un macabro negocio que hoy cubre a las misiones de ignominia.

Compartimos aquí un documento suficientemente revelador. Se trata de un informe de Manuel Señoret, gobernador de Magallanes entre 1892 y 1897, en el que prepara una "cacería de indios" a gran escala. Señoret reconoce que la instalación de las ovejas en Tierra del Fuego ha supuesto la desaparición del alimento tradicional de los selk'nam, el guanaco y el cururo, lo que lleva a los indígenas a la necesidad de alimentarse con esas ovejas. Por esta razón son perseguidos por los empleados de las estancias que, curiosamente, solo capturaban mujeres y niños. Como principal autoridad del territorio, el gobernador Señoret llega a la conclusión de que es necesario tomar una medida "equitativa y humanitaria". Lo que sorprende es que las acciones que se llevaron a cabo a partir de entonces, lejos de proteger a los selk'nam, supondrán su final como pueblo. Hombres, mujeres y niños serán cazados como animales salvajes y trasladados forzosamente a la misión salesiana de isla Dawson, de donde jamás podrán escapar. Tan solo unos años después, todos estarán muertos y sus tierras ocupadas, casi exclusivamente, por millones y millones de ovejas.

TRANSCRIPCIÓN:

Oficio n.º 516, Punta Arenas, Octubre 8 de 1894
En nota nº. 302 de 16 de junio último tuvo el honor de decir a V.S. lo siguiente:
“En estos días han sido conducidos a la colonia por una goleta un grupo de ocho indios onas, un hombre, tres mujeres y cuatro niños de corta edad. Pertenecían a una partida que en número de cincuenta, más o menos, fue sorprendida por dos ovejeros de la Compañía Explotadora de la Tierra del Fuego en el momento que se ocupaban de robar ovejas. Todos los demás se fugaron.
El suceso tuvo lugar hacia el fondo de Bahía Inútil donde acaba de establecerse la mencionada compañía.
No tengo hasta ahora motivo para establecer que los hechos se hayan desarrollado de otra manera que como los dejo narrados y como los narra el administrador de la Bahía Inútil, pero nace naturalmente la duda de si habrá habido un combate y si muchos indios no habrán pagado con su vida el intento de proporcionarse alimento en esta inclemente estación y en aquellos parajes donde hasta el año pasado encontraba el indígena el guanaco y al cururo, de cuya caza ha siempre vivido. Por de pronto se hace una investigación que dará luz sobre estos hechos, pero en todo caso creo de mi deber solicitar del Gobierno alguna resolución que evite en lo sucesivo la ocasión de encuentros sangrientos entre el hacendado que cuida y defiende su propiedad y el indio, que desde su punto de vista y su estado de barbarie, considera legítimo matar y alimentarse con el ganado que pace en las pampas donde antes cazaba el guanaco.




Es un hecho que en la multiplicación de las haciendas y los alambrados se ha reducido a los más estrechos límites el territorio que antes proporcionaba la vida y caza a los indígenas. El guanaco tiende a desaparecer como así mismo el cururo y es por lo tanto natural que los indios tropiezan con las mayores dificultades para obtener la suficiente carne para su alimentación.
Me parece que sería equitativo y humanitario arbitrar los medios de reemplazarlos lo que paulatinamente se les ha ido quitando. Dejarles el pedazo de territorio que hoy ocupan sería mantenerlos en las mismas condiciones en que hoy se encuentran; subsistirían los mismos inconvenientes y peligros, y apartaríamos del movimiento general del progreso del territorio una sección importante y aprovechable para la civilización y las industrias.



Los indios de que trato, que son los onas, se han mostrado hasta ahora refractarios a la civilización y a la influencia de los padres salesianos. No creo que las misiones entre ellos, en el territorio que ocupan, obtuvieran resultado alguno y estimo, de acuerdo con Monseñor Fagnano, superior de la misión salesiana, que la medida más eficaz y prudente sería recogerlos y trasladarlos todos a la isla Dawson. Imposibilitados así para hacer mal, obligados por su ignorancia de la navegación a permanecer en la isla y a recibir de los padres salesianos su alimentación, irían poco a poco penetrándose de las ventajas de la civilización y adquiriendo hábitos de trabajo y de cultura de que ahora carecen por completo; no pasaría mucho tiempo sin que fuera posible darles parcialmente entera libertad para fijarse en otros puntos del territorio y llegar a ser miembros útiles de la comunidad.


Almirante Manuel Señoret Astaburuaga


La medida que propongo es de rápida y económica ejecución y tendría la ventaja de resolver de una vez el problema. Se calcula que el número de indígenas de la Tierra del Fuego llegue a 1.500 apróximadamente. Bastaría para recogerlos una partida de caballería de 30 a 50 individuos y un escampavía que los fuera trasladando a Dawson a medida que se iban reuniendo y en el próximo invierno todos los onas estarían en la isla Dawson.
Respecto a los ocho traídos por la goleta “Ripling Wawe” me he puesto ya de acuerdo con Monseñor Fagnano para que queden en la isla Dawson”.
Lo comunico a V.S. en contestación a su nota nº. 2543 de 3 de setiembre pasado.
Dios guarde a V.S.

M. Señoret




13 de mayo de 2015

La Historia que fue: testimonios de la colonización de la Patagonia

Los que justifican el violento proceso de colonización de la Patagonia, tanto en Chile como en Argentina, lo hacen muchas veces utilizando como argumento la consabida frase de que “no se pueden juzgar los hechos del pasado desde la perspectiva actual”.

Sin embargo, parecen no tener en cuenta que ya en la época, finales del siglo XIX y principios del XX, multitud de testimonios censuraron y condenaron el exterminio de los pueblos originarios, la explotación de los trabajadores rurales o el acaparamiento de millones de hectáreas en unas pocas manos. Lo que sucede es que la historia oficial, escrita interesadamente por los grandes grupos del poder económico, político y religioso, ha silenciado vergonzosamente esos testimonios.

En el libro “Menéndez, rey de la Patagonia” hacemos un esfuerzo por rescatar del olvido documentos, cartas e informes, algunos de ellos inéditos, que permiten demostrar que los abusos y barbaridades cometidas no contaron con el unánime beneplácito de la sociedad de la época.

Seleccionamos aquí cinco de estos testimonios:

1879, sobre las matanzas cometidas durante la “Campaña del Desierto”

“Hecho bárbaro y cobarde que avergüenza a la civilización y hace más salvajes que a los indios a las fuerzas que hacen la guerra de tal modo sin respetar las leyes de humanidad ni las leyes que rigen el acto de la guerra”.

“Se les quitaba a las madres sus hijos, para en su presencia y sin piedad, regalarlos, a pesar de sus gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigían. Toda la indiada se amontonaba pretendiendo defenderse los unos a los otros. Unos se tapaban la cara, otros miraban resignadamente al suelo, la madre apretaba contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruzaba por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”.

Diarios de Buenos Aires “La Nación” y “El Nacional”


1885, sobre el acaparamiento de tierras de José Menéndez en Punta Arenas

“En su febril empeño llegó a suponer que podría burlar los efectos de la subasta pública, y aún llegó a hacer pretender a un dependiente irresponsable y a un hermano insolvente, fueran aceptados como arrendatarios de grandes extensiones de terrenos. Es un elemento pernicioso a los intereses de un pueblo donde no debe perturbarse la concordia y armonía con infundadas quejas que, si algún resultado producen, no sería otra que poner en relieve la sinrazón con que se ofende a las autoridades del país donde han encontrado holgura y comodidades que no les eran peculiares”.

Gobernador Sampaio, Informe al Ministro, Archivo Ministerio Relaciones Exteriores




1896, sobre la detención y confinamiento en misiones de los indígenas

“Horror y pesar que experimenté al ver el abandono, el desaseo repugnante, la hiriente desnudez y miseria en que yacen ciento y tantas mujeres adultas y veinte y más hombres. Los indígenas vigorosos que importan a allá de la Tierra del Fuego, se enferman porque se les recibe en sitios inmundos y nadie desde el principio de su llegada se preocupa de compensar de algún modo la rica alimentación de que disfrutaban esos hombres, ni de combatir con presteza los contagios de diferentes enfermedades que los invaden desde el primer momento de su contacto con las razas civilizadas y por el cambio de vida a que se les somete violentamente. Una vez enfermos en Dawson no reciben atención alguna ni se los aísla siquiera, ni aun en este caso se les da cama y por horrorosa que sea la enfermedad que los ataque, esta sigue su proceso al lado de los sanos o medio sanos agrupados en sitios miserables que son contagiados a su vez, o mueren al lado de sus compañeros como los seres más infelices que hayan habitado la tierra.




¡En cerca de ocho anos los señores misioneros no han podido aún establecer una enfermería a que, de paso sea dicho, están obligados por su contrato con el gobierno de Chile! El único régimen o sistema interno de la misión se reduce a cuidar de una manera altamente deficiente de los niños de cinco años en adelante de ambos sexos y de los mocetones cuyas fuerzas pueden aprovechar fácilmente en la explotación de los negocios establecidos en la isla y a no tener ningún cuidado para las infelices mujeres y hombres adultos que los misioneros, con la notable sagacidad de la que se hayan dotados, se imaginan no poder aprovechar con facilidad. Es así como han muerto abandonados centenares de esos desgraciados que han caído en las manos de la misión”.

Domingo Canales, informe al Gobernador, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores


1897, sobre las persecuciones de los selk’nam de Tierra del Fuego

“Los empleados de las estancias se ocupan pura y exclusivamente en la caza de indios, ya sea en territorio chileno o argentino. Los indios tomados son enviados mediante una libra esterlina por cada individuo macho y cinco chelines por cada muchacho o mujer. Esto es un abuso que no se debe dejar pasar”.



“¿Pueden ser castigados por las autoridades y ser sometidos a la justicia ordinaria estos indios que, desesperados por el hambre y la miseria, cometen en comunidad robos de haciendas?” Mucho me temo señor ministro que a pesar del celo y actividad que desplieguen estas autoridades no se puedan evitar las raterías de estos indígenas pues, como ya he manifestado, estando acosados por la más espantosa miseria, no desperdiciarán ocasión de procurarse por medio del robo el alimento que les falta”.

Ramón Lucio Cortés, policía, carta dirigida al ministro del interior, Archivo Central Salesiano


1915, sobre las miserables condiciones de trabajo de los peones

“Las habitaciones que esta estancia destina a sus trabajadores son los establos en que guardan sus caballos durante el invierno; son ellas sucias, malolientes, llenas de estiércol, sin forro por dentro y llenas de aberturas por donde se cuela el viento portador de bronquitis, pulmonías, constipados y otras enfermedades derivadas del cambio brusco de aire; el patio que rodea estas habitaciones, si es que pueda dárseles tal nombre, está lleno de lodo, estiércol y desperdicios de comida, que fermentan con los calores del verano haciendo, en los días de calma, una atmósfera asfixiante difícil de respirar.


Los comedores son, como los de todas las estancias, de forma cuadrangular, con dos hileras de mesas; éstas hechas de cuatro tablas mal unidas, la superficie cubierta de una gruesa capa de mugre; en los ángulos, cajones tan sucios como las mesas, destinados a soportar los cacharros del té; el servicio de mesa es de lata estampada y los platos apenas pueden contener algunas cucharadas de sopa, los jarros para el té son también de lata, pero en tan escaso número, al menos cuando nosotros visitamos la estancia, que la mayor parte de los trabajadores se servían de tarros vacíos de leche o duraznos, como tazas. El trato que dan a los trabajadores los capataces y demás empleados superiores es autoritario, humillante, sobre todo para los chilenos a quienes creen afrentar llamándoles chilotes”.

Gregorio Iriarte, periodista, La organización obrera en Magallanes




6 de abril de 2015

Le génocide des Indiens du sud du Chili que l'histoire officielle a essayé de cacher


L'ARTICLE ORIGINAL PUBLIÉ PAR EL MOSTRADOR.CL, 13 agosto 2014 
(Traduction al francés Christophe Cotte y Ana G. Bautista).

Après plusieurs années de recherche au Chili et en Argentine Patagonie, l’historien espagnol José Luis Alonso Marchante a publié "Menendez, roi de Patagonie", le texte définitif, selon les experts, sur la réalité de l’extinction des Selk'nam à Tierra del Fuego, qui était en fait commandée par José Menéndez, le grand propriétaire du sud du Chili, dont la famille a deux musées distincts à Punta Arenas, et qui est crédité du développement économique de la région.


L’an dernier, l’historien espagnol José Luis Alonso Marchante trouve à la Bibliothèque nationale d'Espagne, le texte original "Trente ans de Terre de Feu", du salésien missionnaire et grand naturaliste Alberto de Agostini. Avec ce livre entre les mains, l'historien a constaté que dans les éditions actuelles du texte, y compris de 2013, il manque des paragraphes. Dans les textes censurés, le missionnaire était implacable: l’extinction de la population de Selk’nam dans la Patagonie chilienne et argentine n’était pas le fruit de leur "gourmandise ignorante", des "guerres tribales" ou de leur "physique misérable" raconté depuis de nombreuses années dans l'histoire officielle, mais le produit de l’extermination et de l'expulsion ordonnée par un seul homme, Jose Menendez, le grand propriétaire terrien de la pointe sud du Chili.



"Les explorateurs, les éleveurs et les soldats n’avaient pas de scrupules pour attaquer les misérables Indiens, comme s’il s’agissait d'animaux ou de jeux", lit-on dans les paragraphes censurés (De Agostini, 1929: 244).
Cette constatation ainsi que d'autres témoignages importants sont contenus dans le livre "Menéndez, roi de Patagonie"  (Editorial Catalogne), récemment édité au Chili et qui, selon les historiens experts en Patagonie, comme Osvaldo Bayer, serait "le livre définitif sur la réalité de ce qui a eu lieu dans le sud du Chili et de l'Argentine."


"Il y a deux choses qui m'ont frappé dans la recherche: le génocide de tout un peuple (de Selk’nam) au XXe siècle et le destin tragique des travailleurs (également massacrés) qui travaillaient sur ces terres", dit Alonso Marchante presque au début de la conversation avec Culture + Ville , ce qui explique sans euphémisme la nature de la responsabilité pénale de celui qui était aussi le grand-père de Enrique Campos Menéndez, écrivain et éditeur des factions militaires du coup d'Etat de Pinochet.



CENSURE

La censure dans le texte de De Agostini, dit Alonso Marchante, a été plus une autocensure que les religieux ont appliqué à leurs livres après que la congrégation ait été mise sous pression par la volonté de Menéndez de changer l’histoire, et de blanchir le massacre réalisé par le latifundista le plus grand du sud du Chili, qui accumula une des plus grosses fortunes d'Amérique latine grâce au commerce de la laine.

"Les premiers salésiens n'ont pas nié les massacres, les premiers,  Fagnano et De Agostini, étaient des gens qui étaient sur le terrain, qui ont construit des missions à partir de zéro, et publié dans leurs revues comment ont été exterminés les Indiens. Il y a eu plus tard un changement dans l'historiographie des salésiens. Ceux qui viennent après sont déjà soumis à la puissance économique de Menéndez, alors l’histoire de la colonisation est réécrite, maintenant que les Indiens ont tout simplement disparu "sans intervention des éleveurs", a déclaré Alonso.




MENÉNDEZ EMPIRE

Dans la région de Magallanes, à Punta Arenas spécifiquement, les demeures de la famille Menéndez sont conservées comme des musées, comme la concrétisation, à travers leur faste, de l’âge d'or de la région de Magellan.          
Le livre explique que Menéndez, après un court séjour à Cuba, est arrivé dans notre pays en 1868, et reçut peu de temps après des milliers d'hectares comme   cadeau du gouvernement chilien pour la colonisation dans le sud. L’idée était d'apporter le développement économique dans la région et d'établir des réserves indigènes. Dans ces années Mauricio Braun, un autre immigré, avait également reçu des milliers d'acres, comme Julius Popper en Argentine.

Alonso Marchante note que, dans le cadre d'un investissement important, les familles Menéndez et Braun sont réunies par le mariage de leurs enfants, et des terres des Popper, après une mort étrange par un empoisonnement présumé, sont affectées à Menéndez, transformant ce dernier en maître de toute la Patagonie chilienne et argentine à travers la Société d'Exploitation de la Terre de Feu.



L'empire économique, auquel sont venus s'ajouter banques et transport,  provient du commerce de la laine de mouton  vendue à l'Angleterre en échange de livres sterlings. L'implantation des moutons dans la région entraîne le déplacement du guanaco, animal qui habitait ces régions, et selon le livre, est la source de l'un des plus grands massacres des communautés autochtones, avec tout le pouvoir éditorial de ces années-là pour couvrir le génocide.

L'EXTERMINATION DE LA POPULATION SELK'NAM

"Lorsqu’ils ont commencé à déplacer les moutons, parce que toute la richesse des dynasties économiques était basée sur le bétail de la laine", dit l’historien, "a commencé la nécessité d’avoir d’avantage de terrains pour finalement s’implanter dans le territoire des Selk’nam".
Après l'installation dans la région, le terrain est divisé par des barbelés, et le guanaco se voit cantonné dans des régions plus élevées.    


"Une fois que le guanaco disparaît les Selk’nam commencent à mourir de faim. Quand ils se rendent compte de l'apparition du mouton , ils commencent à se nourrir de cet animal et considèrent cela comme quelque chose de tout à fait normal, ne sachant pas vraiment comment ces moutons sont apparus, et ne connaissant pas le principe de propriété", explique l’historien.





"Quand les Selk'nam commencent à attaquer les moutons, José Menéndez donne l'ordre de les tuer. Ils le font d'abord en les faisant disparaître pour les exterminer, puis commence la chasse des femmes et des enfants, pour les exhiber dans des lieux publics", dit Alonso, qui affirme que c'est longtemps après la présentation des populations indigènes comme des bêtes de cirque, dans ce qu'ont appelé  des "zoos humains".     

La famille Menéndez, en particulier José Menéndez -remarque l'historien- était à l'origine du massacre. "José Menéndez a commencé par prendre comme contremaître et administrateur un certain Alexander Mc Lennan, d'origine écossaise (surnommé Le cochon rouge), qui a été le plus grand tueur de populations autochtones et reconnu pour cela. Il a reçu des ordres directs de José Menéndez, il était son employé". Le livre affirme que pour chaque Indien mort, Menéndez a payé une livre, de sorte que dans la fortune amassée par l'Ecossais, on peut même calculer le nombre d’Indiens tués qui, selon les versions d'autres historiens, pourrait s’estimer à plusieurs centaines, voire des milliers.  "Quand  Mc Lennan a pris sa retraite, José Menéndez lui a donné une montre de luxe en remerciement de  tous ses services", dit-il.     


LA VERSION OFFICIELLE


"J’ai réussi à contacter un arrière-petit-fils d'Alexander Mc Lennan, qui m’a dit qu’on n’avait pas le droit de tuer les Indiens, mais que grâce à son grand-père et à José Menéndez, aujourd'hui il n’y a pas d’Indiens dans Tierra del Fuego et pas de problèmes. Et ils me l’on dit en 2014", rappelle avec étonnement l'historien. Depuis de nombreuses années l'histoire officielle avait pour but de dissimuler les crimes qui ont même été considérés comme un sport.






En 1971, l’historien et descendant du clan, Armando Braun Menéndez, porte- parole des éleveurs, a déclaré que la cause de la mort des Indiens étaient leurs habitudes alimentaires. "Il a souvent été observé à côté des restes d'une baleine, les corps des Indiens, arrivés en retard à la fête, victimes de leur gloutonnerie ignorante" (Braun 1971: 135). Il insiste tellement sur le sujet, qu’il écrit que "leur état physique était si misérable qu’ils ne pouvaient pas supporter leur propre climat".      


Cette conjecture absurde, Alonso explique dans son livre, a frappé l’ethnologue suisse Jean-Christian Spahni, qui a dit: "Mes recherches autour des habitants m’ont montré que le génocide a réellement existé et a été causé justement par les propriétaires qu'Armando Braun essaie de défendre". Un autre des héritiers des propriétaires terriens, l'écrivain préféré de Pinochet, Enrique Campos Menéndez, a même exprimé ses soupçons sur un possible cannibalisme des Selk'nam! L'histoire officielle de la négation du génocide est telle qu'un autre des héritiers, Eduardo Braun Menéndez, a obligé "le scientifique Alexander Lipschutz (Prix National Science 1969) à supprimer toute référence à la chasse autochtone, en tant que préambule à la publication de ses essais dans la revue Science et recherche, qu'a dirigé le petit-fils de José Menéndez".





LA PATAGONIE TRAGIQUE


En plus de l’extermination des onas, le livre d’Alonso touche un autre sujet sensible en Patagonie, qui concerne la tuerie de plus de 1.400 ouvriers chiliens en 1921.
Ces crimes ont été rassemblés dans un livre appelé La Patagonie tragique, publié en Argentine en 1928 par José María Borrero. Dans ce livre, il y avait une dénonciation à chaque page; un peu plus tard, il est devenu un mythe après avoir disparu des librairies. Un deuxième texte, vraisemblablement appelé Orgies de sang, qui selon le mythe racontait les assassinats de 1921, est devenu une légende car on assurait que le manuscrit avait été volé et brulé.
Une partie de cette histoire a été recueillie avec une rigueur scientifique par Osvaldo Bayer, qui a publié La Patagonie rebelle en 1972, un livre témoignage de non fiction qui traitait de la lutte des travailleurs anarcho-syndicalistes en rébellion de la province de Santa Cruz en Patagonie argentine entre 1920 et 1921. Cette histoire a commencé comme une grève contre l’exploitation des ouvriers par leurs patrons, ensuite réprimée par l’armée sous les ordres du lieutenant Héctor Benigno Varela, envoyé par le président du moment, Hipólito Yrigoyen.
"Des centaines de peones des fermes ont été fusillés, la plupart d’entre eux étaient chiliens, mais il y avait aussi des asturiens, argentins, allemands, italiens. Ce sont les deux grandes tragédies de cette histoire, je crois que l’on ne peut pas regarder cette histoire en souriant parce que c’est une histoire tragique, les peuples qui ont habité ces terres pendant des millénaires ont disparu d’une manière brutale, et il y a eu de plus une répression sauvage sur les peones qui ont travaillé ces terres", maintient Alonso Marchante, ; à propos de son livre, Bayer reconnaît que "après cette accumulation de preuves personne ne pourra considérer les version critiques, qui sont nées à mesure que les faits avaient lieu, comme exagérées ou comme un produit de l’imagination".

–¿Comme historien, pensez-vous qu’il y a eu une responsabilité de l’État chilien dans ces massacres? 

–Les peones ont été fusillés par l’armée argentine, mais la plupart d’entre eux étaient chiliens, et les autorités chiliennes non seulement n´ont pas haussé la voix, mais ont aussi collaboré avec les autorités argentines pour garder le silence. Ceci a été démontré par Osvaldo Bayer il y a longtemps, quand il a découvert que les carabiniers chiliens amenaient même les peones en Argentine, où l’armée de ce pays les a fusillés.  Il est vrai que ces faits ont eu lieu il y a presque un siècle, mais les États doivent les reconnaître. En Argentine, dans la zone où les fusillades ont eu lieu, dans chaque quartier où il y a eu un centre de détention il y a des plaques qui identifient que dans ces lieux des gens ont été tués. Je ne connais aucun hommage à ces peones de la part des autorités chiliennes.