7 de febrero de 2020

"Selk'nam, genocidio y resistencia", el prólogo escrito por Alberto Harambour

En diciembre salió publicado en Chile mi último libro “Selk’nam, genocidio y resistencia” (Editorial Catalonia). Se trata de una aproximación a la historia de este pueblo de Tierra del Fuego, que padeció un terrible genocidio a finales del siglo XIX a manos de los grandes terratenientes ganaderos. El libro habla también de la resistencia de los selk’nam frente a los invasores, de las estrategias que llevaron a cabo para tratar de frenar el avance de las explotaciones ovinas y, cuando todo su territorio fue usurpado, para sobrevivir en un entorno hostil. Y es que, a pesar de que fueron diezmados, hubo supervivientes y hoy los selk’nam contemporáneos, mujeres y hombres orgullosos de su sangre y su linaje, luchan para que se reconozca su pasado y sus legítimos derechos. 
Debo el prólogo de la edición chilena del libro a un autor imprescindible, el académico Alberto Harambour Ross. Historiador magallánico y profesor en la Universidad Austral, en sus libros y artículos ha analizado en profundidad la expansión británica del negocio ovino a la Patagonia y la Tierra del Fuego y las tácticas de resistencia que los selk’nam implementaron contra esta invasión. Le agradezco inmensamente que se haya tomado el tiempo de prologar esta obra, toda vez que él es toda una autoridad en la materia. Les comparto el texto completo.




“Un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro,
que el hipo de cien perros botados a morir”
Pablo De Rokha,


El genocidio es el espanto bárbaro, más bárbaro. Un grupo humano es arrastrado a través de un acabo de mundo por otro grupo humano que se sitúa desde la pretensión de barrer con una existencia despreciada, reemplazándola por la presencia propia, exclusiva, superior, ocupando las tierras de los hombres y las mujeres de quienes se eliminan nombres, se borran huellas, se destruyen vidas. El exterminio planificado, ejecutado a veces por fuerzas estatales y otras por privados, y generalmente en una alianza de poder público, empresarial, religioso y popular, corroe en su despliegue la experiencia histórica de los perseguidos, quebrando la transmisión de la memoria intergeneracional e instalando en los sobrevivientes el miedo y la negación, la subordinación, la impotencia. Sobre los sobrevivientes cae la duda y el desdén, y caen las ruinas de vidas que fueron plenas. El brutal rito de paso por el apocalipsis impone a los hijos e hijas de los sobrevivientes un secreto calladamente orgulloso, muchas veces vergonzante, siempre peligroso por derrotado, y resistente, de alguna manera, entre los pliegues de la memoria. Esperando la ocasión de ser nombrada.

Arqueros selk'nam, fotografía Carlos Gallardo 1902
Genocidios tenemos muchos, demasiados, diversos. Ninguno cierra su círculo de espanto sin la Historia. El espanto está satisfecho cuando deja de causar espanto. Cuando se naturaliza. Y para la naturalización se necesitan hombres armados y periodistas lo mismo que historiadores y abogados. Sobre las carnes sin tumba se levantan sociedades nuevas, que construyen para sí mismas épicas de progreso y bienestar imposible sin la matanza y las deportaciones, las reducciones o los campos de concentración. Historias coloniales, construidas gracias a la erradicación de un pueblo y al despojo de la tierra de toda memoria socialmente significativa anterior. Ciertos pasados son convertidos en insignificantes, o prehistoria, y lo significante nace del poder creador de los exterminadores, del poder conmemorador que da actualidad a una particular selección del pasado como Historia Nacional. Esa invención de un tiempo homogéneo y continuo sella una lápida historiográfica sobre la heterogeneidad de experiencias en las tierras ocupadas. Pocos ejemplos más actuales que la celebración de los 500 años del viaje de Hernando de Magallanes como “descubridor” de Chile y Argentina, creaciones bastante más recientes. Para los pueblos originarios sobrevivientes es la reiteración de la negación de su existencia independiente y de la puesta en valor del hecho colonial.
Desde la década de 1880 los pueblos de la isla Grande de Tierra del Fuego debieron esconder el estigma que era su pelo y sus ojos, su caminar y comer distinto, su palabra y sus recuerdos de las historias que vivían sus pares que estaban siendo asesinados y deportados. Para los sobrevivientes: no ser más lo que fueron colectivamente, y deber ser, en la soledad, lo más parecidos posible a los que estaban fundando el nuevo mundo. Adaptarse adoptando otro idioma y una religión de subordinación. En este mundo nuevo surgido de la aniquilación del mundo de siempre, llamado Tierra del Fuego argentina y chilena, los sobrevivientes, mujeres y niñas las más, tuvieron que sufrir lo imposible para dejar de ser lo que eran. Y convertirse entre otras cosas, en chilenas y argentinas.
El historiador Alberto Harambour Ross
El deseo de exterminar a un grupo social sólo es plenamente comprensible para perpetradores y cómplices. Para los que hemos sido educados en las tradiciones nacional-colonialistas, confinar su memoria a la prehistoria fue natural. La tarea de explicarse la voluntad genocida es interminable, siempre inconclusa, y tiene como necesidad la recuperación de la humanidad, es decir, de la historicidad de las y los deshumanizados. Rompiendo las naturalizaciones y las continuidades impuestas. Reconociendo los derechos plenos de los sobrevivientes y sus descendientes a su tierra y sus mares, y sobre todo a su historia. A ese combate por la historia se vuelve como se vuelve siempre al amor, como se vuelve siempre al trauma, a lo que pudo y puede ser, que es tan distinto de lo que estuvo siendo y lo que ha sido. Hay allí algo inconmensurable, como el afán de lucro, que juega de motor de la industria de erradicarle la tierra, la historia y la vida a otros pueblos. Así es en el caso del genocidio selk’nam al que vuelve José Luis Alonso Marchante en éste, su segundo libro sobre el sur extremo, para profundizar con la indignación y la ternura en la trayectoria de las muertes y en los baldíos de la sobrevida. Porque en éstos reaparecen también otras tramas: solidaridades calladas, lazos murmurados, gestos de complicidad, o alguna piedad.
No la misericordia, tan proclamada por adoctrinadores y guardas del mal morir, por historiadores-ventrílocuos del progreso y las autoridades que lamentan la “extinción” de “nuestros” pueblos originarios. Hay, en éste libro como en “Menéndez, rey de la Patagonia” otra indignación y otra ternura: la del escritor que se aproxima a una geografía distinta y a pueblos otros sabiendo que la derrota, aunque catastrófica, es siempre breve, como dice la canción. Que las posibilidades de ser otros se construyen. “Me pasé media vida tratando de disimular mi condición de indio, para en esta última convencer a los demás que lo soy ciento por ciento”, le permite decir el autor a Luis Garibaldi Honte, en una cita que recoge. Esa idea cruza el libro como un fantasma que inspira a recuperar, desde dentro de la historia siempre contada, las historias que en ella quedaron escondidas o erradicadas. Historias de gente que perdió, luchando, y que ha debido luchar para que su historia presente no sea pasado remoto, extinción, o daño colateral.
Este libro-ensayo está planteado en una perspectiva lo suficientemente amplia como para reconocer los tiempos de las rupturas vitales y las toscas continuidades en este siglo XXI preapocalíptico. Alonso Marchante se ha dado un trabajo interpretativo mayor, revisando una gran base documental de narraciones segmentadas temporal, disciplinar e institucionalmente. De esta tremenda revisión de bibliografía y documentos, la mayor parte de ella conocida pero nunca antes puesta en diálogo, surge una interpretación de conjunto con valor propio, que permite desmontar juicios y prejuicios convertidos a fuerza de repetición en una suerte de sentido común al pensar la historia de la colonización de la Tierra del Fuego. Es un libro que le pasa el cepillo a contrapelo a la historia colonialista, nacionalista, regionalista, supremacista, para contribuir a una interpretación humanista.

Mujeres selk'nam, fotografía Alberto María De Agostini
Las nociones de pueblos barridos por el viento feroz de un progreso abstracto, Alonso Marchante las discute dándoles nombre: donde se dice progreso puede leerse capitalismo avalado por el estado, desplegado para beneficio de pocos y en perjuicio de los más. La idea interesada y extendida de las misiones salesianas como espacios bienintencionados de protección a las y los perseguidos se desmorona también, al considerar la acelerada mortandad de los deportados, y la radical negación de la plena humanidad de los hombres, mujeres y niños confinados a una isla en medio del Estrecho o arrinconada sobre la fueguina costa atlántica. El prejuicio de la incapacidad de comprensión de la moderna propiedad, el de la adaptación imposible; el juicio sobre el daño colateral en la formación de la soberanía chilena o argentina, el juicio sobre el genocidio sin planificación, o del genocidio como “extinción”… todos estos dispositivos tradicionales de la historiografía más conservadora, heredera conceptual de los empresarios o uniformados prohombres de la colonización, se desarman a través de este libro generoso al citar y al convidar a la lectura.
José Luis Alonso Marchante presenta nuevamente un ejercicio innovador en su magnitud y en la acertada combinación de aquellos fragmentos, dispersos, que reúne con buena pluma y mejores intenciones: ampliar el campo de lo dicho y decirlo con voz clara. Quienes se aventuren a través de estas páginas encontrarán una propuesta interpretativa y, junto con ella, una cantidad importante de huellas que seguir para profundizar tantos temas que quedan abiertos. Creo que en las historias del extremo sur americano, como en las de tantos otros territorios que son objeto del colonialismo más reciente, se encuentran claves que podrían permitir frenar aunque sea en parte la cuesta abajo en la rodada del género humano. El autor es generoso, también, al dejar muchas puertas entreabiertas para la entrada de nuevos y nuevas autoras a descorrer sus velos. Porque no hay historia definitiva, porque es posible, aún, que la historia continúe.

Busto Menéndez arrojado a los pies del monumento a Magallanes, Punta Arenas, noviembre 2019


4 de mayo de 2019

"Entre dos mundos. Pasado y presente de los habitantes Selk'nam-Haush de Tierra del Fuego", de Margarita Maldonado


   Hoy les recomendamos la lectura de un libro imprescindible, escrito por una mujer originaria de Tierra del Fuego, Margarita Maldonado. Se titula "Entre dos mundos. Pasado y presente de los habitantes Selk'nam-Haush de Tierra del Fuego" y acaba de reeditarse por Editora Cultural de Tierra del Fuego. Esta obra incluye interesantes fotografías sobre las costumbres y tradiciones del pueblo Selk'nam. Desde las famosas representaciones de la ceremonia del Hain que inmortalizó Gusinde en 1923, hasta ilustraciones actuales de los diferentes ornamentos utilizados por los Selk'nam y fabricados con piel de guanaco, plumas de pájaros o caparazones de caracoles.         
   También contiene una explicación y el significado de las pinturas faciales, de gran complejidad y enorme simbolismo. Margarita Maldonado es además una reputada artesana que organiza talleres de cestería y que ha volcado en el libro sus ancestrales conocimientos. Está disponible en la Feria del Libro de Buenos Aires. Entre tanto les invitamos a leer uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir para la nueva edición.

Prólogo “Entre dos mundos”, de Margarita Maldonado

Karukinká es la gran isla del extremo más austral de América, la mítica Tierra del Fuego a la que los navegantes europeos llamaron así “por haber visto en ella los primeros que pasaron por este estrecho muchos humos y fuegos de la gran gente que la habitan”. Esa “gran gente”, a la que se refería así en 1580 el cronista Alonso de Ovalle, son los Selk’nam. Dos sílabas de gran fuerza sonora para evocar el nombre de un pueblo de leyenda que deslumbró a los viajeros y exploradores por su elevada altura y su gran complexión física.
      Dueños desde hace miles de años de un extenso territorio comprendido entre el estrecho de Magallanes y el canal Onashaga, que les separaba del país de sus vecinos yaganes. Perfectamente adaptados a un clima riguroso caracterizado por el viento, el frío y la nieve, los selk’nam tradicionales recorrían sus “haruwen” o territorios de caza en pos del escurridizo guanaco, al que abatían con arco y flechas. Se alimentaban de su carne, usaban su piel como abrigo y empleaban otras partes del animal para confeccionar sus utensilios domésticos. Vivían en una sociedad muy igualitaria, con tendencia a compartir con los demás los alimentos de los que disponían. Los ancianos, que eran cuidados y respetados por toda la sociedad, se convertían en depositarios de la sabiduría de su pueblo, gracias a su experiencia y vivencias. Los niños y niñas selk’nam crecían siempre en torno a sus progenitores; si el padre les mostraba los rudimentos de la caza del guanaco, la madre les transmitía las enseñanzas primordiales para desenvolverse en la vida. La mujer tenía un papel protagonista puesto que se ocupaba tanto de trasladar todos los enseres para la construcción de la choza, como de la recolección de frutos y bayas en los bosques y de mariscos y peces en las playas. Tareas esenciales en tiempos en los que el guanaco escaseaba, y que lograban asegurar la supervivencia de toda la familia.
La autora en Cabo Espíritu Santo, Tierra del Fuego

      En la gran isla existía otro pueblo de cazadores nómadas, los haush, que habitaban el extremo sudoriental, en la actual península Mitre. Emparentados con los selk’nam, tenían muchos rasgos y costumbres en común. Sin embargo, los haush, debido a su hábitat costero, estaban mucho más orientados a aprovechar los recursos del mar. Así, además de las pieles de guanaco, aprovechaban pieles de lobo marino cuyas colonias eran muy abundantes antes de la llegada de los barcos loberos. Los haush eran expertos pescadores. Los hombres se sumergían hasta la barbilla con una red hecha de tendones de guanaco y, al retirarse hacia la costa, la sacaban llena de pescados. Las mujeres utilizaban un palo muy flexible en el que colocaban en el extremo un trozo de barba de ballena con un nudo corredizo, con lo que podían atrapar los peces sin anzuelo de forma muy inteligente.
      Y es precisamente una mujer de doble ascendencia, selk’nam y haush, Margarita Maldonado, la autora de este libro que tienen entre sus manos y que presenta ahora su 2ª edición. Por medio de interesantes y variadas fotografías, la obra ilustra las costumbres y ceremonias selk’nam y haush. En sus páginas vamos a encontrar la imágenes de la famosa ceremonia del Hain documentada por el sacerdote Martin Gusinde y que tuvo lugar en Laguna Pescado en 1923. Aunque hoy sabemos que las fotografías fueron preparadas, estas imágenes tienen un valor incalculable y nos hablan de la complejidad de la mitología y tradiciones de este pueblo. En palabras del antropólogo Ernesto Piana, el trabajo de Gusinde es "un escalón insoslayable para quien debe mirar más lejos". Y así Margarita Maldonado va más allá y realiza una meticulosa descripción del rito selk’nam, retratando con mucho detalle a cada uno de los espíritus que participan en él. Más aún, la autora junto a miembros de su comunidad, realizan una reconstrucción de las máscaras que sus ancestros utilizaban en el ceremonial, usando para ello las pinturas ocre, negro o blanco obtenidas de la tierra de forma natural, y ofrecen una explicación del significado de esas pinturas faciales, de enorme simbolismo.
Mujeres selk'nam recolectando moluscos en la playa, Alberto M. De Agostini

      Uno de los apartados más originales del libro tiene que ver con la inclusión de una “Guía práctica de cestería”, artesanía en la que son maestros los pueblos autóctonos de Patagonia y Tierra del Fuego y que la autora nos muestra paso a paso. También hay que destacar el capítulo de ornamentación, donde se recuperan los nombres originarios para describir los adornos, utensilios y otros objetos realizados por los selk’nam, con pieles de guanaco, plumas de pájaros y caparazones de caracoles. Cabe recordar aquí que la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas”, que fue adoptada en 2007 en Nueva York con los votos favorables de 143 países, incluyendo tanto a Argentina como Chile, establece en su artículo 13 el “derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus historias, idiomas, tradiciones orales, filosofías, sistemas de escritura y literaturas, y a atribuir nombres a sus comunidades, lugares y personas, así como a mantenerlos”. Como estableció la doctora de la Universidad de Estocolmo Débora Rottenberg "en el hecho de imponer un nombre a lo que ya lo tenía hay un intento de avasallar a los sujetos cuyo saber se está negando”. Es por tanto de destacar el aporte de Maldonado a la recuperación de todos los nombres originarios y en devolver el protagonismo a sus antepasados, que tan magistralmente supieron adaptarse a una naturaliza agreste y a una climatología adversa.
      Este libro incorpora el subtítulo “Pasado y presente de los habitantes Selk’nam-Haush de Tierra del Fuego”, elegido intencionadamente por la autora para poner de relieve la pervivencia de ambos pueblos a través de sus descendientes actuales. Es importante insistir en que la violencia soportada por los habitantes de Tierra del Fuego –asesinatos, persecuciones, deportaciones, etc.-, especialmente a partir de la ocupación de sus tierras por parte de los empresarios ganaderos, no significó en ningún caso la extinción de los selk’nam. Maldonado se rebela contra la teoría del “último selk’nam”, muchas veces difundida de manera interesada para negarles sus derechos a los selk’nam actuales.


Familias selk'nam al modo tradicional en 1902, William S. Barclay

      Los documentos y los testimonios nos permiten hoy reconstruir todo el violento proceso contra los selk’nam de Tierra del Fuego. En una primera etapa, a partir de 1885, los selk’nam se enfrentaron a los invasores de su territorio, diezmando las majadas de ovejas, rompiendo las alambradas e incluso atacando a los empleados de las sociedades ganaderas. Sin embargo, las partidas de cazadores a caballo, el despliegue policial por toda la isla y la tremenda superioridad de las armas de fuego, terminaron con la resistencia de los habitantes originarios de la isla que, en su mayor parte, fueron deportados a isla Dawson de donde nunca regresarían. A partir de entonces, los sobrevivientes desarrollan toda una elaborada estrategia que les permitirá la supervivencia como pueblo. Mujeres y niños se refugiaron en la misión de Río Grande, el único lugar donde encontraron cobijo y donde estaban relativamente a salvo de las balas de los ganaderos. Familias enteras se retiraron al interior de la isla, en los alrededores del lago Kami, donde pudieron mantener sus costumbres y tradiciones. Al fin, se produjo un lento proceso de asimilación; los hombres se incorporaron al trabajo ganadero en algunas estancias, sobresaliendo como campañistas o domadores, y las mujeres se emplearon en la servidumbre doméstica.
      Con el paso de los años, los descendientes pasaron de esconder o disimular sus orígenes a mostrarse públicamente orgullosos de su pertenencia selk’nam. Y hoy sus comunidades realizan un importante trabajo de difusión de su cultura e historia. Este libro, “Entre dos mundos. Pasado y presente de los habitantes Selk’nam-Haush de Tierra del Fuego”, es una excelente prueba de ello y supone un importante aporte al conocimiento de este pueblo. En palabras de la propia autora “busco dejar mi legado cultural a las futuras generaciones, a los que llevamos la misma sangre, a los que hoy podemos decir esta es nuestra identidad”. Les invito a leer esta obra, donde se escucha de manera nítida la voz selk’nam-haush,  la voz de Margarita Maldonado.

José Luis Alonso Marchante, autor “Menéndez, rey de la Patagonia”














7 de marzo de 2019

"Mi sangre Yagán", de Víctor Vargas Filgueira


Les compartimos la excelente crítica del escritor fueguino Federico Rodríguez sobre el libro "Mi sangre Yagán", de Víctor Vargas Filgueira, publicado por Editora Cultural de Tierra del Fuego en 2017. La reseña apareció en el número 5 de la excepcional Revista Fuego, editada en Ushuaia y dirigida por Cany Soto.



"En Mi sangre Yagán", Víctor Vargas Filgueira cuenta la historia de Asenewensis, su bisabuelo. Este hombre fue uno de los últimos yaganes que alcanzó a vivir la mitad de su vida del modo ancestral. En esta novela, veremos como sus costumbres y tradiciones son cercadas por la violencia de la "civilización" y la codicia. Esta historia tiene olor a algas, gusto a sangre de ballena todavía caliente y mucho calor humano. Junto al fuego escucharemos leyendas de hombres alegres con el corazón limpio, cuyas pesadillas son barcos gigantes que pasan cerca de la costa, poniendo denso el aire congelado de sus noches. 

Yaganes en su canoa, fotografía de Charles W. Furlong, 1907

Hay que dejarse llevar por Asenewensis y sus hermanos, acostumbrados a navegar desde la infancia, y adentrarse en las aguas turbulentas y heladas de los canales fueguinos, con el miedo golpeando en el pecho, y no rendirse ante el viento y las tormentas. Figuras en el humo, gritos de gaviotas y bravos cazadores con los rostros pintados que supieron defender sus misterios. Esta es una narración para leer con los párpados húmedos, sufriendo por todo lo que se fue perdiendo, mientras esas fotografías en blanco y negro de los aborígenes, que todos conocemos, cobran vida a medida que nos adentramos en la lectura. Contra el egoísmo que reina en nuestra sociedad, conmueve la manera en que estos yaganes vivían, pendientes de sus hermanos y sabiendo que la única manera en que podemos ser felices es juntos, en comunidad".

Muchachas yaganes, fotografía de Edmond Payen, 1882

Sobre el autor: Víctor Vargas Filgueira (Ushuaia, 1971). Escritor, artesano de la cultura yagán, reconocido creador de piezas en cuero crudo de la cultura gauchesca y primer consejero de la Comunidad Yagán de Tierra del Fuego. Actualmente se desempeña como guía del Museo del Fin del Mundo y trabaja en un proyecto de extensión en las escuelas, con la finalidad de concientizar al alumnado sobre la visibilidad del pueblo Yagán".
Federico Rodríguez

Portada del número 5 de la revista "Fuego", ilustración de Omar Hirsig, julio 2017




1 de diciembre de 2018

A cien años de "Los Sucesos de Natales"

  El próximo 23 de enero de 2019 se cumplirá un siglo desde que se produjeron los trágicos "Sucesos de Natales", un enfrentamiento entre los trabajadores del frigorífico de Puerto Bories y los empleados y policías de la todopoderosa "Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego". El balance final fue de varios muertos, las organizaciones obreras fueron reprimidas y sus líderes perseguidos.


Esta es la cronología de aquellos infaustos acontecimientos.

1905: la "Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego" obtiene 350.000 hectáreas en la provincia de Última Esperanza, convirtiéndose en dueña del noventa por ciento de los campos ganaderos de esa región. Allí instalarán medio millón de ovejas previo desalojo de los colonos que ya habitaban ese territorio. Detrás de la compañía ganadera se encuentra Moritz Braun, José Menéndez y los capitales británicos.

Junio 1911: se funda en Punta Arenas la Federación Obrera de Magallanes, la FOM, que llegó a alcanzar 6.000 afiliados.

1912: se reinstala la Aduana en Punta Arenas lo que provoca inmediatamente el alza de los precios de los alimentos básicos y la protesta de los habitantes de la ciudad: "bastó la simple promulgación del decreto y los comerciantes, esa crapulosa asociación de ladrones legitimados, recargó los artículos un cuarenta por ciento del precio diario, colocando a los trabajadores dentro del terrible dilema del hambre o de la lucha, La burguesía nos sitia por hambre, mientras ella derrocha nuestro sudor en suntuosos festines” (Gregorio Iriarte).



Marzo 1912: boda de uno de los hijos del "rey de la Patagonia", Julio Menéndez Behety. Se organiza una lujosa fiesta sin reparar en gastos en el palacio de Menéndez, en el mismo momento en el que afuera la gente padecía hambre y vestía harapos. 

1915: “La Explotadora” pone en marcha el frigorífico de Puerto Bories, cinco kilómetros al norte de la localidad chilena de Puerto Natales y que se encargará de procesar el ganado de sus haciendas en Chile pero también el de las vecinas estancias argentinas, propiedad de los mismos latifundistas, Menéndez, Braun, Blanchard, etc. La producción será destinada a los soldados británicos de la I Guerra Mundial, un sangriento conflicto que hará inmensamente ricos a los comerciantes.

Diciembre 1918: el parlamento chileno aprueba la Ley nº. 3446 de Residencia, que permite la expulsión sumaria de los extranjeros que propaguen doctrinas socialistas o anarquistas, consideradas subversivas por el gobierno.



23 Enero de 1919: se produce una protesta de los obreros del frigorífico de Puerto Bories, que solicitaban una rebaja del coste de los artículos de primera necesidad que suministraban las casas de comercio mayoristas. La situación se agrava al disparar el administrador del frigorífico, William L. Kidd, al subsecretario de la Federación Obrera de Magallanes, Carlos Viveros, que resultó muerto. Producto de las escaramuzas con los carabineros, fallecieron seis obreros y cuatro policías, y resultó incendiada la casa de comercio de Braun & Blanchard, acusada de inflar los precios de las mercaderías básicas. 

Una expedición de la policía argentina ingresa a territorio chileno para dispersar a los huelguistas. estaba compuesta por cinco oficiales, cuarenta soldados y media docena de civiles, que salieron de Río Gallegos traspasando la frontera por la zona de Cancha Carrera. La tropa fue transportada en tres camionetas que facilitó el Garaje Patagonia de la "Sociedad Anónima Importadoray Exportadora de la Patagonia", empresa que también era propiedad de Braun y Menéndez. En Chile, los soldados argentinos fueron alojados en la estancia “Cerro Castillo”, propiedad de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. 



El gobernador Luis Contreras Sotomayor envió un batallón del ejército que puso término a la denominada “Comuna de Natales”, deteniendo a una treintena de trabajadores, algunos de los cuales fueron condenados a largos años de prisión. Los obreros presos fueron conducidos a Punta Arenas encerrados en las bodegas del Alejandro, uno de los buques de la naviera Menéndez-Behety.

Julio 1920: incendio del local de la FOM en Punta Arenas: “Los obreros se defendieron y se generalizó el tiroteo. Se calcula que quemaron alrededor de dos mil tiros. Muertos por parte de los defensores y heridos 12 y 2 de los otros, los asaltantes prendieron fuego a la casa. De entre los escombros se extrajeron 3 cadáveres carbonizados” (Guillermo Bañados). Uno de los instigadores del asalto fue Alfredo Gorostiza, gerente de la "Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez-Behety".


Diciembre 1921: brutal represión de las huelgas rurales en Santa Cruz, Argentina, con un millar de fusilados. Fue precisamente en el casco de la estancia “Anita”, fundada una década antes por José Menéndez y Mauricio Braun, donde se refugiaron los últimos huelguistas. Tras rendirse incondicionalmente al ejército fueron asesinados sin contemplaciones y enterrados todos juntos en el anonimato de una fosa común: “Allí se mató a gente indefensa, sin otra culpa que pedir un mejor salario. Por eso estuvimos prisioneros recibiendo malos tratos, nos robaron todo lo que teníamos y después, a los chilotes que no fueron elegidos por los patrones, los fusilaron sin misericordia. En ninguna guerra se fusila a prisioneros desarmados como lo hizo el ejército argentino” (Luis Mancilla).

1930: fue se inicia la construcción de la iglesia de María Auxiliadora en Puerto Natales, financiada íntegramente con fondos de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. Se trata de un ejemplo más de la conexión entre estancieros y salesianos, cuyos historiadores escribirán una historia complaciente y halagadora de los poderosos.

Sin embargo, un siglo después los natalinos evocan con respeto la memoria de sus vecinos, que fueron capaces de rebelarse valientemente contra un inhumano sistema de explotación laboral. Su memoria está intacta.


Les recomendamos la lectura de 5 libros de autores chilenos y argentinos que, desde distintas perspectivas, abordan la historia del movimiento obrero patagónico del siglo XX:

- La masacre en la Federación Obrera (2002), de Carlos Vega Delgado
- La rebelión de los tirapiedras (2010), de Ramón Arriagada
- La Patagonia rebelde (1972), de Osvaldo Bayer
- El paso del diablo (2004), de Pavel Oyarzún, y
- Los chilotes de la Patagonia rebelde (2012), de Luis Mancilla